Un caminar santo
“Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”
1 Pedro 1:14-16
Aquellos que de verdad desean caminar con Dios y quieren hacer una diferencia en este mundo deben de confiar en Él para ser santos. La santidad no es negociable, no es secundaria; es central en la naturaleza y el carácter de Dios, y debe de ser un aspecto central de nuestras vidas. Es imposible que tengamos Su poder y disfrutar de Su compañía sin estorbos si estamos lejos de la santidad.
El pastor escosés talentoso y grandemente usado, Robert Murray M’Cheyne, le escribió a su amigo misionero Daniel Edwards estas poderosas palabras en 1840: “Recuerda que eres la espada de Dios, su instrumento, un vaso escogido para que lleve Su nombre. En gran parte, el éxito de un instrumento se basa en su pureza y perfeccionamiento. No son los muchos talentos los que Dios bendice, sino el parecerse a Jesús. Un ministro santo es una gran arma en la mano de Dios”.
No es posible tener un ministerio con fruto que perdure para Dios mientras se conciben pecados secretos. Una persona puede tener una fachada por un tiempo, pero al final el pecado será descubierto y la verdad será revelada. Muchos hombres que han sido usados grandemente caen porque piensan que pueden ser santos en la superficie sin serlo en sus vidas y ministerios. La santidad debe de empezar en el corazón. Cuando amamos a Dios como debemos, “… con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37), no permitimos que nada que le disguste permanezca en nuestras vidas.
Principio de renovación de hoy: Mientras nos renovamos en nuestra santidad personal, el impacto de nuestra labor para Dios aumentará
