Muéstrate, oh Dios verdadero
“Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que solo tú, Jehová, eres Dios”.
2 Reyes 19:19
Ezequías era un rey que temía a Dios y hacía lo recto ante Sus ojos. Sin embargo, se encontró en uno de los momentos más oscuros de su vida y de la historia de Judá. El poderoso ejército asirio, bajo el mando de Senaquerib, rodeaba Jerusalén. Los enemigos se burlaban abiertamente de Jehová, poniéndolo al mismo nivel que los ídolos inútiles de otras naciones. “¿Acaso los dioses de las otras naciones pudieron librar a su pueblo de mí?” gritaban con arrogancia. Humanamente hablando, la situación era imposible. El enemigo era superior en número, en armas y en posición.
Pero Ezequías no se dejó llevar por el miedo ni por las circunstancias. Hizo lo correcto: fue al templo, extendió la carta de amenaza delante de Dios y oró. No pidió solo protección para sí mismo o para su reino. Pidió algo mucho más grande: que el Dios vivo se manifestara de tal manera que todos los reinos de la tierra supieran que solo Jehová es Dios.
Y Dios respondió de forma espectacular. Envió a un solo ángel que en una noche mató a 185,000 soldados del campamento asirio. Lo imposible para el hombre fue fácil para Dios. Senaquerib, el gran conquistador, regresó humillado a su tierra y allí fue asesinado por sus propios hijos en el templo de su dios falso. Judá vio con sus propios ojos quién era el Dios verdadero.
Dios no cambia. Las crisis llegan: problemas económicos, amenazas, enfermedades, presiones familiares, burlas del mundo que dice, “¿dónde está su Dios?” En esos momentos, recuerde a Ezequías. No deje que las circunstancias dicten su cercanía con Dios. Su relación con Él debe ser verdadera y profunda en todo tiempo, no solo cuando llega la tormenta.
Cuando mantiene una comunión constante con el Señor:
•Puede acudir a Él con confianza en el día de la angustia.
•Puede orar con fe: “Muéstrate, Señor, para que todos sepan que Tú eres el único Dios”.
•Verá cómo Dios hace lo que parece imposible.
Pregúntese hoy:
•¿Mi relación con Dios es diaria y genuina, o solo de emergencia?
•¿En mis crisis estoy extendiendo mis problemas delante del Señor o tratando de resolverlos en mi propia fuerza?
•¿Estoy dispuesto a pedirle a Dios que se glorifique no solo para mi beneficio, sino para que otros conozcan que Él es el Dios vivo?
Leer: 2 Reyes 18-19; Salmos 31-33; Proverbios 27
¿Qué idioma pidieron que hablara el líder del ejército enemigo y cuál fue la respuesta?
