Muy amado

“Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando”.

Daniel 10:11


Daniel estaba viviendo un momento extraordinario. Había recibido una visión y se encontraba profundamente impactado por lo que estaba experimentando. En ese momento, un mensajero de Dios se acercó a él y pronunció unas palabras que seguramente fueron muy significativas para su corazón: “Daniel, varón muy amado”.


Antes de darle una instrucción, Daniel recibió este hermoso recordatorio: era un hombre muy amado. Después escuchó: “Está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie”.


Esto nos enseña algo hermoso acerca de la manera en que Dios trata con nosotros. Muchas veces podemos encontrarnos en situaciones que producen temor, incertidumbre o debilidad. Podemos sentir que no sabemos qué hacer o que las circunstancias nos superan. Pero en medio de esos momentos, podemos recordar quiénes somos delante de Dios: Sus hijos, amados por Él.


Daniel era un hombre muy amado y, sin embargo, tenía miedo. El mismo versículo dice que, cuando se puso en pie, lo hizo “temblando”. Daniel obedeció aunque todavía tenía temor.


Aquí encontramos una verdad importante: tener miedo no significa que no podamos obedecer a Dios. A veces pensamos que primero debemos sentirnos fuertes, seguros y preparados para después actuar. Pero Daniel se levantó mientras temblaba. Su obediencia no dependió de que sus emociones estuvieran tranquilas, sino de que había escuchado la voz de Dios.


Quizá hoy usted también esté temblando delante de alguna circunstancia. Tal vez no sepa cómo resolver algo, tenga incertidumbre acerca del futuro o se sienta incapaz de enfrentar lo que tiene delante. Este pasaje nos recuerda que Dios no ignora nuestra debilidad. Podemos escuchar Su Palabra, recordar Su amor y dar el siguiente paso de obediencia.


Daniel no sabía todo lo que iba a suceder, pero sabía que Dios estaba hablando con él. Y eso era suficiente para levantarse. También debemos recordar que ser amados por Dios no significa que nuestra vida estará libre de momentos difíciles. Daniel era un hombre muy amado y, aun así, experimentó temor, angustia y circunstancias que estaban más allá de su comprensión. El amor de Dios no siempre consiste en evitar que atravesemos dificultades; muchas veces consiste en acompañarnos, hablarnos y sostenernos mientras las atravesamos.


Quizá hoy todavía esté temblando. Pero no necesita tener todas las respuestas para dar el siguiente paso de obediencia. No necesitamos esperar a sentirnos fuertes para obedecer a Dios. Podemos levantarnos aun temblando, porque nuestra confianza está en Aquel que nos ama y nos llama.


Leer: Daniel 10-12, Proverbios 18 y escribir Salmos 119:105-109

Según la lectura, ¿qué pasará con las fuerzas malignas?