Dios escribe más allá del dolor
“Y Efraín su padre hizo duelo por muchos días, y vinieron sus hermanos a consolarlo. Y él se llegó a su mujer, la cual concibió, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Bería; por cuanto había estado en aflicción en su casa”.
1 Crónicas 7:22-23
La Biblia, con una honestidad sorprendente, no oculta el dolor humano. En medio de una genealogía, encontramos una escena profundamente personal: Efraín pierde a sus hijos —Ezer y Elead, quienes fueron muertos por los hombres de Gat cuando descendieron para tomar sus ganados—, y el texto no pasa rápidamente por encima de ello. Dice claramente que “hizo duelo por muchos días”. No fue un momento breve, ni una emoción superficial. Fue un proceso real de dolor.
Esto nos enseña algo importante: el dolor no se niega ni se esconde delante de Dios. Aun hombres de fe atravesaron temporadas de profunda tristeza. Otros pasajes confirman esta realidad. En Salmos 34:18 se nos recuerda que “cercano está Jehová a los quebrantados de corazón”, y en Eclesiastés 3:4 vemos que hay “tiempo de llorar”. El duelo no es falta de fe; es parte de la vida en un mundo quebrantado.
También es significativo que Efraín no vivió su dolor en aislamiento. El versículo dice que vinieron sus hermanos a consolarlo. Permitió que otros se acercaran. En momentos de pérdida, existe la tentación de encerrarse, pero Dios muchas veces usa a otros como instrumentos de consuelo. 2 Corintios 1:3-4 describe a Dios como “Padre de misericordias y Dios de toda consolación”, quien también usa a Su pueblo para consolar.
Sin embargo, la historia no termina en el dolor. Efraín tuvo otro hijo y le puso por nombre Bería, un nombre marcado por la aflicción que había vivido. No olvidó lo ocurrido; lo reconoció. Pero también continuó. No se quedó detenido en la pérdida. Siguió adelante, aun con el recuerdo presente.
Y Dios no dejó de escribir su historia.
El siguiente versículo menciona a su hija, Sera, quien edificó ciudades. Aun después de la aflicción, hay construcción. Aun después del quebranto, Dios sigue obrando. La historia de Efraín no quedó definida únicamente por su pérdida, sino también por lo que Dios hizo después.
Esto refleja una verdad que vemos a lo largo de la Escritura: Dios no borra el dolor, pero tampoco permite que sea el final de la historia. En Salmos 30:5 se nos recuerda que “por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría”.
Hoy, si está atravesando un tiempo de dolor, recuerde: es válido llorar, es necesario permitir consuelo, pero también es importante confiar en que Dios aún está escribiendo. El dolor puede ser parte de su historia, pero no es el final. En las manos de Dios, aun después del quebranto, todavía hay espacio para edificar.
Leer: 1 Crónicas 7-8; Salmos 49-51; Proverbios 3
En 1 Crónicas 8, después de mencionar a los descendientes de Benjamín, ¿qué detalle específico se da sobre los hijos de Ulam que revela su habilidad y preparación?
