Contemplad una vida que prepara a otros
“Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios”.
Lucas 18:16
Una de las bendiciones más hermosas del servicio al Señor es ver cómo una vida dedicada a Dios puede influir en la siguiente generación. Cuando contemplamos la vida de los misioneros Sam y Julie Hodges, vemos mucho más que una familia sirviendo en otro país. Vemos años de fidelidad, una pasión por alcanzar a los perdidos y un deseo de preparar a otros para continuar la obra de Dios.
Sam Hodges fue salvo desde joven y sintió el llamado del Señor al ministerio. Tenía una carga profunda por alcanzar a quienes todavía no conocían a Cristo. En 1995 se incorporó a una agencia misionera y, al año siguiente, viajó con su familia a Costa Rica para estudiar español. Su idioma natal era el inglés, y aquella etapa representó una oportunidad para aprender, adaptarse a una nueva cultura y depender más plenamente del Señor.
En 1997, la familia Hodges llegó a Honduras con el propósito de plantar una iglesia. Al año siguiente comenzaron la Iglesia Bautista Nueva Vida en Sabanagrande. Con el paso del tiempo, Dios les permitió desarrollar una obra que alcanzaría mucho más que los servicios de una iglesia local. Surgieron ministerios de evangelización, rutas de autobuses, clubes bíblicos y actividades para niños y jóvenes. También establecieron un instituto bíblico para preparar predicadores y obreros cristianos, además de una escuela cristiana bilingüe.
¡Qué hermoso contemplar cómo una visión de alcanzar a los perdidos se convirtió en una obra que también prepara a otros para servir! Sam y Julie no solamente han invertido en las personas que escuchan el evangelio; también han dedicado tiempo a enseñar, aconsejar y capacitar a quienes desean servir al Señor. Su amor por otros misioneros y por los jóvenes que se preparan para el ministerio nos recuerda que la obra de Dios no consiste únicamente en lo que hacemos nosotros, sino también en ayudar a otros a estar preparados para hacerla.
Una de las bendiciones más especiales de su historia es ver a sus propios hijos involucrados en el servicio al Señor. Su hija, Celina, y su esposo sirven como misioneros en Mozambique. Su hijo Joseph y su esposa, Abigail, han regresado para servir en Honduras, y su hija Brooklyn también ha dedicado su vida al ministerio. Los tres crecieron en el campo misionero, comenzaron a servir junto a su familia y rindieron sus vidas al servicio de tiempo completo. ¡Qué precioso legado! Los padres no pueden decidir por sus hijos qué harán con sus vidas, pero sí pueden mostrarles, mediante su ejemplo, que servir a Cristo es un privilegio. Cuando los hijos crecen viendo a sus padres amar a las personas, compartir el evangelio y ayudar a otros obreros, aprenden que la obra de Dios merece nuestra entrega.
Al contemplar a los Hodges, preguntémonos: ¿estamos formando a la próxima generación solamente para tener éxito en la vida, o también para conocer, amar y servir al Señor? No todos serán misioneros, pero todos podemos enseñar a quienes vienen detrás de nosotros a valorar la Palabra de Dios y a vivir para Su gloria.
Contemplemos hoy nuestro legado. La fidelidad de una generación puede dejar huellas que Dios utilice para bendecir a muchas más. Que nuestra vida no se limite a servir al Señor en el presente, sino que también anime a otros a continuar la obra cuando nosotros ya no estemos.
Ore hoy: Pida al Señor que fortalezca a Sam y Julie Hodges, que bendiga a sus hijos en el ministerio y que siga levantando obreros fieles mediante la obra que han desarrollado en Honduras.
Leer: Lucas 17-18, Proverbios 31 y Salmos 91-93
Pregunta: ¿Qué lección importante aprende de Lucas 17:5-19 hoy?
