La ofrenda que Dios notó
“De cierto os digo, que esta viuda pobre echó más que todos; porque todos aquellos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía”.
Lucas 21:3-4
En el templo, Jesús se detuvo a observar cómo la gente depositaba sus ofrendas. Algunos daban cantidades grandes y visibles. Sin embargo, Él no se impresionó por el volumen de lo que entraba en el arca. Su atención se centró en una viuda pobre que echó dos blancas, todo el sustento que tenía.
Es fácil medir la utilidad de una persona por la cantidad que aporta. Jesús, sin embargo, valoró la fe y la obediencia detrás de la ofrenda. La viuda no contaba con la capacidad de recuperar fácilmente lo que entregó. No había margen de error ni de reposición. Aun así, puso en las manos de Dios lo que tenía. Y Él lo notó. Dios no carece de recursos. Él es dueño de todo. La ofrenda no es un mecanismo para suplir Sus necesidades, sino una de las maneras en que participamos en Su obra.
El sistema que Dios ha establecido requiere financiamiento y participación. No es opcional ni secundario. Quienes dan de lo que les sobra a menudo contribuyen menos de lo que imaginan. En cambio, aquellos que aparentemente tienen menos que ofrecer con frecuencia cargan con mayor peso en el avance del reino. Solo el tiempo revelará cuánto de la obra de Dios fue sostenida por quienes dieron de su pobreza, no de su abundancia.
No mida su utilidad por la cantidad que puede entregar hoy. Mida su disposición a confiar en Él y a obedecer con lo que ya ha puesto en sus manos. Es fácil guardar lo poco que se tiene por miedo a quedarse sin nada. Sin embargo, Dios no coloca recursos en nuestra vida para que los acumulemos. Los pone para que los usemos de manera útil y productiva en Su servicio.
Sea buen mayordomo de lo que Él le ha confiado. No espere a tener más para empezar a participar. Use lo que tiene ahora, por pequeño que parezca. Póngalo al servicio de Dios con fe y obediencia. Él no se impresiona por la cantidad. Él nota el corazón que da de lo que tiene, confiando en que Él es suficiente.
Leer: Lucas 21-22, Proverbios 2 y Salmos 97-99
Pregunta: ¿Quiénes fueron los primeros en físicamente lastimar a Jesús?
