Pero yo y mi casa
“Pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.
Josué 24:15
En el siglo XVIII, en medio de grandes tensiones espirituales y sociales en las colonias americanas, el pastor Jonathan Edwards y su esposa Sarah Edwards tomaron una decisión firme y consciente: su hogar existiría para servir a Dios. No fue una declaración bonita para inspirar a otros; fue una convicción que marcó cada aspecto de su vida diaria. Hubo momentos de fuerte oposición en su ministerio. Hubo dificultades económicas, incomprensión y aun el dolor de ser despedido de la iglesia que había pastoreado fielmente. Sin embargo, en medio de la presión, ellos no retrocedieron. Mantuvieron su hogar centrado en la Palabra de Dios, la oración y una fe práctica y constante.
Sus hijos crecieron viendo una fe auténtica, no un cristianismo superficial de palabras. Vieron a sus padres obedecer cuando era difícil, confiar cuando no había seguridad material y perseverar cuando otros abandonaban. La decisión de servir al Señor no era ocasional; era diaria, visible y real.
Aquí debemos detenernos y reflexionar. Servir al Señor como familia no comienza cuando todo está bien, sino precisamente cuando llegan las pruebas. En muchas culturas latinoamericanas —y también aquí en El Salvador— es fácil hablar bien de Dios, decir que lo amamos y afirmar que queremos hacer lo correcto. Pero cuando las circunstancias se complican, cuando el trabajo escasea, cuando surgen conflictos o cuando la comodidad se ve amenazada, empiezan las excusas. Josué no dejó espacio para excusas. Él no dijo: “Si las condiciones son favorables, serviremos al Señor.” Declaró con firmeza: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”.
Esa decisión implica acciones concretas. Significa decir como familia: seremos fieles en asistir a la iglesia, honraremos a Dios con nuestros diezmos, apoyaremos las misiones, trataremos a otros con amor y perdón, viviremos con honestidad, no toleraremos el pecado dentro de nuestro hogar ni la impureza en lo que vemos o escuchamos, y pondremos a Dios en el primer lugar de cada decisión. Servir al Señor no es solo una creencia interna; es un estilo de vida visible.
El resultado de esa decisión familiar puede extenderse mucho más allá de lo que imaginamos. Años después, estudios históricos mostraron que muchos descendientes del hogar de los Edwards llegaron a ser pastores, misioneros, educadores cristianos y líderes que influyeron espiritualmente a generaciones enteras. ¿Por qué quisieron servir a Dios? Porque crecieron viendo una fe genuina. Sus padres no solo hablaron de Dios; vivieron para Él.
Hoy, la pregunta sigue siendo profundamente personal: ¿qué verá su familia en usted? ¿Escucharán solo palabras espirituales o observarán una fe firme cuando la vida se pone difícil? Decida hoy, con convicción renovada, que su hogar servirá al Señor. Esa decisión, sostenida con obediencia diaria, puede convertirse en un legado eterno.
Leer: Josué 22-24; Salmo 103; Proverbios 17
Según Josué 23, ¿qué dos peligros espirituales específicos advirtió Josué que llevarían gradualmente a Israel a apartarse de Dios después de su muerte?
