Deje de quejarse y comience a avanzar

“Pero el monte será tuyo; pues aunque es bosque, tú lo desmontarás, y será tuyo hasta sus límites; porque tú expulsarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte”.

Josué 17:18


En Josué 17 encontramos una escena muy humana. La tribu de José se acerca a Josué con una queja: sienten que la porción de tierra que recibieron no es suficiente. Observan a su alrededor y ven limitaciones, dificultades y obstáculos. El territorio que aún podían tomar estaba lleno de bosque y habitado por enemigos fuertes con carros de hierro. En lugar de ver oportunidad, vieron problema.


Josué escucha su preocupación, pero no valida su actitud de queja. En cambio, les recuerda una verdad poderosa: ustedes tienen fuerza, ustedes tienen capacidad, ahora vayan y trabajen la tierra. El monte era suyo, pero debían desmontarlo. La victoria estaba disponible, pero requería esfuerzo, fe y acción.


Este principio sigue siendo profundamente relevante hoy. Muchas veces los creyentes oramos pidiendo más bendición, más recursos o mejores circunstancias, cuando Dios ya nos ha dado lo suficiente para comenzar a avanzar. El problema no siempre es la falta de provisión, sino la falta de disposición para usar lo que ya tenemos.


Piense en una ilustración sencilla. Imagine a un hombre que ora constantemente por prosperidad económica, pero nunca administra bien su dinero. Gasta sin control, no honra a Dios con sus finanzas y luego se frustra porque siente que el Señor no responde. O considere a alguien que desea oportunidades para servir, pero no es fiel en las pequeñas responsabilidades que ya están frente a él. Sueña con “grandes cosas”, pero evita el esfuerzo diario que esas cosas requieren.


La tribu de José quería más territorio, pero primero debía trabajar el que ya tenía.


Este mismo patrón aparece en muchas áreas de nuestra vida. Nos quejamos de nuestras posesiones, pero no las utilizamos para bendecir a otros o apoyar la obra del Señor. Nos quejamos de nuestro trabajo, pero no lo realizamos con excelencia ni con un espíritu de servicio. Incluso muchos jóvenes desean más libertad, más confianza y más responsabilidad, pero no son fieles en lo básico como mantener su cuarto ordenado o cumplir diligentemente con sus tareas escolares. Esperamos cambios externos mientras ignoramos las decisiones internas que Dios nos está pidiendo tomar.


La fe verdadera no es pasiva. La fe toma el hacha, corta el bosque y avanza confiando en que Dios dará la victoria. La obediencia práctica muchas veces comienza en tareas que parecen pequeñas, repetitivas o difíciles. Sin embargo, es precisamente allí donde Dios forma carácter y abre camino para mayores bendiciones.


Hoy el Señor puede estar diciéndole lo mismo que Josué dijo a aquella tribu: “El monte es tuyo… ve y trabájalo”. Deje la queja. Use lo que Dios ya le dio. Avance con diligencia. Confíe en que, aun frente a obstáculos fuertes, Él cumplirá Sus promesas.


Leer: Josué 16–18, Salmos 100–101 y Proverbios 15

En Josué 18, ¿cuántas tribus aún no habían recibido su heredad cuando Josué los confrontó por su negligencia espiritual?