El Dios que siempre cumple
“Y les dio Jehová reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos. No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todas se cumplieron”. Josué 21:44-45
¡Qué declaración tan poderosa y reconfortante! Después de largos años de batallas y peregrinaje, el pueblo de Israel recibe finalmente la tierra que Dios le había prometido. No solo les entrega el territorio, sino que también les concede reposo por todos lados. Ninguno de los pueblos circundantes logra levantarse contra ellos; ninguno de sus enemigos puede resistir. Aquí vemos la protección divina manifestada de manera clara y poderosa. Dios mismo entrega a los adversarios en sus manos.
Y lo más impactante de todo: ni una sola de las buenas promesas de Dios falló. Todas se cumplieron exactamente como Él las había dicho. Dios siempre cumple Sus promesas. Siempre.
Sin embargo, hay una verdad importante que no debemos olvidar: muchas de las promesas de Dios son condicionales. Él promete bendecirnos, protegernos y darnos victoria cuando caminamos en obediencia en Sus caminos. Así fue con los hijos de Israel. No recibieron la tierra prometida simplemente por mérito propio, sino al avanzar confiando y obedeciendo bajo el liderazgo de Josué, siguiendo con diligencia las instrucciones divinas. Su obediencia abrió la puerta para que Dios cumpliera cada palabra que había pronunciado.
En la zona rural de Georgia, Estados Unidos, un joven de solo 15 años llamado Terry O’Kelley vivió una situación extraordinaria. Cuando su madre estaba a punto de fallecer, Terry —el mayor de siete hermanos— le hizo una promesa solemne: “Cuidaré de mis seis hermanos menores y mantendré unida a la familia, pase lo que pase”. Era una promesa extremadamente difícil, casi imposible para un adolescente. La pobreza era severa, no había apoyo externo y las responsabilidades lo abrumaban por completo.
Aun así, Terry cumplió esa promesa durante muchos años. Trabajó sin descanso, sacrificó su propia juventud, enfrentó crisis tras crisis y logró mantener a la familia unida contra todo pronóstico. No permitió que nadie los separara. Esa promesa que parecía inalcanzable se convirtió en un poderoso testimonio de lealtad y perseverancia.
Si un joven humano, con tantas limitaciones y debilidades, pudo mantener una promesa tan dura por tanto tiempo… ¡cuánto más nuestro Dios fiel, perfecto y todopoderoso cumple cada una de Sus promesas!
Quizá usted está esperando que Dios cumpla alguna promesa específica en su vida: sanidad, provisión, restauración familiar, protección o victoria sobre alguna situación que lo oprime. Recuerde que, al igual que con Israel, muchas de esas promesas se experimentan plenamente cuando obedecemos. Dios no falla nunca. Él da reposo, protege y cumple todo lo que ha prometido.
Hoy entréguele al Señor una obediencia sincera y práctica. Confíe en que, aunque el tiempo pase y las circunstancias cambien, ninguna de Sus buenas promesas quedará sin cumplirse. Decida avanzar en fe, haciendo hoy lo que Dios ya le ha mostrado, y verá cómo Su fidelidad se manifiesta en cada etapa del camino.
Leer: Josué 19-21; Salmo 102; Proverbios 16
Escriba una promesa de Dios que usted esté esperando y, al lado, anote un paso concreto de obediencia que dará esta semana.
