¿Consejo de quién?
“¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado!” Isaías 30:1
Estas palabras del Señor revelan una verdad que sigue siendo urgente para nosotros hoy. Cuando comenzamos a apoyarnos en la fuerza y el consejo de este mundo, nos colocamos en abierta oposición al Dios y Creador del universo.
Es muy fácil dejarnos arrastrar por el sistema que nos empuja hacia lo popular, hacia lo que parece fácil o hacia aquello que ha sido “probado y seguro” según los estándares humanos. En lugar de confiar en los planes que Él tiene para nuestras vidas, preferimos buscar refugio en estrategias, alianzas y opiniones que no proceden de Su Espíritu.
Dios se ofende cuando seguimos cualquier cosa que no sea Él mismo, porque eso significa que estamos añadiendo pecado a pecado al apartarnos deliberadamente de Su dirección.
Cuando fundamentamos nuestras decisiones en las noticias del día o en el poder de las autoridades de este mundo, estamos preparándonos para el quebranto. El pueblo de Judá buscó la protección de Egipto en lugar de consultar a Jehová, y el resultado fue vergüenza y confusión. De la misma manera, nosotros nos expuestos a consecuencias dolorosas cuando confiamos más en las voces humanas que en la voz de Dios. Necesitamos ir directamente a Él. Como Saulo en el camino a Damasco, debemos preguntarle con sinceridad: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hechos 9:6), y luego seguir esa dirección aunque no coincida con la opinión pública ni con lo que parece más conveniente.
Dios tiene un plan individual y perfecto para cada persona. Él no nos llama a imitar los caminos de otros ni a amoldarnos a las corrientes de la cultura, sino a confiar en Él por aquello que Él considera mejor para nosotros. Su sabiduría supera infinitamente la nuestra, y Su amor es demasiado grande como para permitir que nos perdamos en caminos que terminan en vacío. Confiar en Él no significa que siempre entenderemos de inmediato cada detalle de Su voluntad, pero sí implica rendirnos a Su señorío y permitir que Él dirija nuestros pasos.
Examinemos con honestidad nuestro corazón. ¿En qué áreas de la vida de hoy estamos tratando de controlar a Dios en lugar de dejar que Él nos controle a nosotros? ¿Estamos buscando consejo en fuentes que no proceden de Su Espíritu? ¿Hemos puesto nuestra esperanza en sistemas humanos que, al final, no pueden sostenernos? El llamado de Isaías 30:1 sigue siendo claro: apartarnos de Dios para tomar consejo de otro es un camino de peligro. Volvámonos a Él, consultemos Su boca y confiemos en que Su plan es siempre el mejor.
Leer: Isaías 28-30; Salmos 11-15; Proverbios 3
¿Qué ofreció Dios como camino de salvación y fortaleza al pueblo, y qué respuesta dieron ellos en su lugar?
