Cuentas claras
“Estas son las cuentas del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio, las que se hicieron por orden de Moisés, por obra de los levitas bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón. Y Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, hizo todas las cosas que Jehová mandó a Moisés. Y con él estaba Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, artífice, diseñador y recamador en azul, púrpura, carmesí y lino fino”.
Éxodo 38:21–23
En este pasaje, Dios nos permite ver no solo cómo se construyó el tabernáculo, sino cómo se administró Su obra. No se trata únicamente de materiales y medidas, sino de corazones obedientes, liderazgo responsable y trabajo en equipo. A través de estos versículos, Dios nos enseña principios espirituales que siguen siendo relevantes para Su pueblo hoy.
Dios es un Dios de orden y transparencia.
Este pasaje habla de las cuentas rendidas del tabernáculo. Nada se hizo en secreto ni de manera desordenada. Esto nos enseña que lo que se hace para Dios debe manejarse con integridad, claridad y responsabilidad, especialmente cuando se administran recursos dedicados a Él.
El servicio a Dios requiere obediencia exacta.
Bezaleel hizo todas las cosas que Jehová mandó a Moisés, no según su propio criterio, sino conforme a la instrucción divina. Esto nos recuerda que el verdadero servicio a Dios no se basa solo en buenas intenciones, sino en obedecer fielmente Su Palabra.
Dios delega autoridad y valora la organización.
Moisés, Itamar, los levitas y los artesanos: cada uno tenía una función específica dentro de una estructura clara. Dios muestra que Su obra avanza cuando hay liderazgo definido y personas dispuestas a trabajar en unidad.
Dios usa dones y talentos para Su gloria.
Bezaleel y Aholiab eran artífices, diseñadores y bordadores. Sus habilidades no eran casuales, sino dones dados por Dios para edificar Su morada. Esto nos enseña que nuestros talentos, por pequeños que parezcan, tienen un propósito espiritual cuando los rendimos a Dios.
Todos tienen un lugar en la obra de Dios.
Uno era de la tribu de Judá y el otro de la tribu de Dan: diferentes orígenes, pero un mismo propósito. Dios no limita Su obra a un solo grupo, sino que llama a personas diversas para cumplir Su plan.
La obra de Dios se hace en equipo.
Este pasaje destaca la colaboración. Nadie construyó el tabernáculo solo; cada rol era importante. Esto nos recuerda que, en el cuerpo de Cristo, todos nos necesitamos y cada servicio cuenta.
El liderazgo piadoso protege la santidad de la obra.
Itamar supervisaba el trabajo, asegurándose de que todo se hiciera correctamente. Esto refleja la importancia de líderes fieles que cuidan que la obra de Dios se realice con reverencia y conforme a Su voluntad.
Este pasaje nos recuerda que la obra de Dios debe hacerse a la manera de Dios: con obediencia, integridad y unidad. Cuando cada persona cumple su función con fidelidad, Su gloria se manifiesta en medio de Su pueblo.
Leer: Éxodo 36-38; Salmo 37; Proverbios 30
Según Éxodo 38:25–28, ¿cuál fue la cantidad total de plata utilizada para la obra del santuario?
Y aproximadamente, ¿cuánto valdría hoy ese monto en dinero actual?
