Las acciones correctas con resultados trágicos

“Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que Él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová”.

Levítico 10:1-2


En el momento más solemne del culto, justo después de que la gloria de Dios se manifestara consumiendo el sacrificio (Levítico 9:24), dos sacerdotes privilegiados —Nadab y Abiú, hijos del sumo sacerdote Aarón— se acercaron a ofrecer incienso ante Jehová. Eran las personas correctas: ungidos, autorizados y en el lugar designado por Dios. La acción también parecía ser la correcta: quemar incienso formaba parte del servicio prescrito. Sin embargo, todo terminó en juicio inmediato y muerte.


Ofrecieron fuego extraño, un fuego que Dios no había ordenado ni autorizado. Se desviaron de las instrucciones precisas que Él había dado sobre cómo acercarse a Su presencia. El fuego divino salió y los consumió al instante. No hubo diálogo ni advertencia progresiva; solo un recordatorio abrupto de que la santidad de Dios no tolera improvisaciones ni sustituciones.


Esta escena nos confronta con una realidad ineludible: las personas correctas pueden realizar acciones aparentemente correctas… y aun así desagradar gravemente a Dios. No basta con cumplir lo exterior ni con estar en el “equipo correcto”. Dios escudriña el corazón: examina los motivos que impulsan nuestras acciones y la fidelidad con que seguimos Sus instrucciones.


No podemos justificar motivos equivocados ni desobediencia diciendo: “Pero estaba haciendo algo bueno para Dios”. Sus caminos son los únicos correctos. Como declara Moisés en el versículo siguiente: “En los que a Mí se acercan Me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado”. Levítico 10:3


¿Cuántas veces presentamos a Dios nuestro propio “fuego extraño”?

• Servimos o adoramos con corazones divididos, por obligación o para aparentar.

• Mantenemos rutinas espirituales (asistir a cultos, orar, leer la Biblia) con actitudes egoístas, frías o buscando reconocimiento humano.

• Excusamos pecados ocultos o actitudes rebeldes porque “al menos estoy haciendo lo correcto por fuera”.


Dios no busca mera actividad religiosa; desea adoración en espíritu y en verdad (Juan 4:24), con reverencia, obediencia plena y motivos puros. Examine su corazón: ¿está siguiendo los caminos de Dios tal como Él los ha trazado, o está ofreciendo versiones propias que usted considera “aceptables”?


Leer: Levítico 8-10; Salmos 42-43; Proverbios 3

¿Qué contraste hay entre el final de capítulo 9 y el principio de capítulo 10?